Equipos Ágiles. Razones y Maneras

Publicado En Dic 28, 2016 | 0 Comentarios


En  general, para alistarme a una causa, necesito saber de qué hablamos, por qué razón es interesante y/o útil y qué es lo que hay que hacer para llevarlo a la práctica.

Estas son las preguntas que me planteé en relación a las metodologías ágiles:

¿De qué estamos hablando?

En mi casa el diccionario ha zanjado muchas discusiones. Rara la comida en la que alguien no lo invoca para resolver una controversia. Para ahorrarnos el paseo, el “mataburros” acabó en la cocina en algún momento. Por eso comenzaré por ver si el diccionario nos ayuda:

Ágil (RAE): Que se mueve con soltura y rapidez.

Es un adjetivo tentador y un poco tramposo. Preguntar si quieres ser ágil es como preguntar si quieres ser guap@ o inteligente. Se vende solo. Obvio que el que le puso el nombre estaba a favor. Pero las cosas no son tan sencillas y necesitan contexto.

La organización ágil o el agilismo (palabra que por cierto no está en el diccionario) va principalmente de moverse con soltura. De que empresas y organizaciones (incluso personas) logren comodidad y velocidad en el desarrollo de su trabajo.

El Manifiesto Ágil contiene  4 valores y 12 principios que pretenden llevarnos en esta dirección. Se trata esencialmente de reducir todo aquello que no aporta valor al producto, entorno, cliente y/o equipo.

Simplificar y reducir lo que no aporta, sumado a olvidarse de planificar a largo para ir construyendo en función del “feedback” del cliente, cocinan la receta de ágil.

Cualquier técnica que se pretenda ágil, si nos carga de burocracia, ralentiza el trabajo o no considera al cliente en el diseño del producto,  no merece este nombre.

Ágil propone herramientas y métodos pero es una filosofía laboral. Esto implica que es necesario crear  un determinado  contexto para que funcione.

 

¿Por qué razón debe interesarnos?

El objetivo de una empresa es obtener beneficio satisfaciendo las necesidades de sus clientes y entorno. Para lograr este objetivo, su equipo humano desarrolla productos o servicios empleando los recursos materiales disponibles.

Si el entorno y el cliente cambian, todo lo demás debe adaptarse para que la organización sobreviva.

Ágil no nace en el software porque tiene que ver con tecnología, nace en este sector porque es uno de los contextos donde el profundo cambio de los entornos laborales se nota antes y de  manera más obvia. Entornos de trabajadores del conocimiento y extrema incertidumbre.

No es requisito imprescindible ser empresa tecnológica o de reciente creación para aplicar ágil. Lo que ocurre es que muchas de las empresas de reciente creación tienen que ver con la tecnología y, sobre todo, muchas de las empresas creadas en los últimos años ya arrancan adaptadas a las características de estos nuevos entornos.

El nuevo contexto en el que vivimos  es un entorno social de cambio veloz y constante, en el que habrá que resolver problemas que aún no se han planteado con herramientas que todavía no existen.

Para tener éxito en este contexto se requieren métodos capaces de gestionar el riesgo en situaciones de extrema incertidumbre y, sobre todo, un equipo humano emocionalmente maduro, abierto de mente y  en constante formación y transformación.

Un método puede apoyar, favorecer o impulsar a un equipo, incluso puede ser un buen punto de partida para su cambio, pero hay que adaptarlo a  las personas para que  funcione.

Ser ágil no es siempre es fácil, dependiendo del contexto puede significar un  cambio cultural importante, largo y costoso. Abandonar el  “siempre ha funcionado así” es todo un reto, pero se ha convertido en una necesidad de supervivencia.

Hay muchas organizaciones hablando de su mala suerte al contemplar  pequeñas empresas   recién nacidas que se están comiendo su mercado. No es suerte, es otra forma de hacer que la sociedad (y tu cliente) también está adoptando.

 

¿Cómo llevarlo a la práctica?

Incorporar metodologías ágiles será más o menos posible, eficaz, sencillo y rápido en función de las características del equipo humano de la organización.

Si la mayoría del equipo ni comparte esta nueva forma de hacer, ni puede ni quiere cambiar, conviene que no nos hagamos películas, incorporar una metodología ágil  (por sí sola) ni va a funcionar, ni es la única opción.

Lo más probable es que en la organización convivan personas con más o menos apertura a un cambio de paradigma. Aplicando al caso los datos de  la curva de difusión de la innovación, debemos entender que,  para dar cualquier salto importante con posibilidades reales de éxito, necesitamos contar con un 13,5% dela plantilla dispuesta y razonablemente capacitada para trabajar con el nuevo sistema.

1.Con menos de un 25%, no es imposible pero es lento y extremadamente doloroso. Si no tenemos ese porcentaje debemos concentrarnos en trabajar para lograrlo. Se trata de encontrarlos (porque aveces están y no los vemos), de modificar estructuras y puestos, formar, informar, comunicar, algunas veces contratar y, por desgracia, excepcionalmente  despedir. Hablamos de supervivencia.

Y no vale contratar un par de personas para el cambio, esperar a que se fundan y confundan con el ambiente o se marchen, y repetir la operación en un bucle infinito  e ineficaz. Necesitamos ese 25% de personas con la predisposición necesaria,  conviviendo de forma simultánea, apoyadas en el proceso y no todas miembros del equipo de dirección.

No alcanzar nunca ese porcentaje es una de las razones más importantes del elevado fracaso de los proyectos de transformación interna de las empresas.

Cartoom

2. Cuando dispongas de este grupo, hay que convertirlos en los difusores, creando equipos, dotándolos de medios, tiempo, apoyo inequívoco de dirección y apoyo externo.

Con este equipo mixto de convencidos y escépticos, una metodología de partida probada  aporta sobre todo seguridad.

3. Si la empresa cuenta de partida con un número de personas suficientes convencidas o dispuestas para  ágil, podemos arrancar directamente.

Para no sufrir el papel el blanco o no perder tiempo, ayuda comenzar con los métodos que otros han probado (Scrum, Kanban XP…) y adaptarlos,  por nosotros mismos o con ayuda para la arrancada.

No debemos olvidar que “el mejor lo que sea”, por muy probado que esté, es el que sirve para lo que nosotros hacemos: Para nuestros clientes, nuestro servicio, nuestro entorno y nuestro equipo.

De esta forma, conviene no ponerse purista y entender que podemos necesitar elementos de varias metodologías ágiles combinados con algunos específicos de nuestra forma de estar y hacer.

Si el año que viene el método que usas ha evolucionado mucho, no sólo lo estás haciendo bien, seguro lo estás haciendo Ágil.

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